* LAS OPORTUNIDADES DE LA CUMBRE DE GRUPO DE RÍO
* DIVISIONES PODRÍAN FRUSTRAR NUEVO ESFUERZO DE UNIDAD LATINOAMERICANA
Gobernantes del Grupo de Río iniciaron ayer en la Riviera Maya la “Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe”, con la idea de crear un nuevo organismo regional sin Estados Unidos ni Canadá.
Este encuentro pretende una vez más relanzar la multicitada integración regional en campos inéditos que irían inclusive hacia la adopción de “una nueva arquitectura financiera regional”.
El presidente Felipe Calderón, anfitrión del encuentro, inauguró las deliberaciones con un llamado a la unidad bajo la advertencia de que “cuando nos dividimos y entramos en nuestras frecuentes confrontaciones, perdemos todos y nos rezagamos frente a otras naciones del mundo”.
Los países latinoamericanos tienen un largo historial de divisiones y para decirlo con franqueza a la hora de la verdad siempre “jalan por su lado”.
Ahora, se pretende que superen las ancestrales divisiones para luchar por los problemas más urgentes de la región.
“No podemos permanecer desunidos ni abordar el futuro sobre la base de nuestras diferencias”, afirmó Calderón y propuso “una nueva institucionalidad que nos fortalezca como región y nos ayude a proyecte con renovada vitalidad en el escenario internacional”.
Calderón pidió a sus colegas latinoamericanos “unirnos sin demérito de aquello en lo que somos diferentes, sobre la base de que nuestras anchas coincidencias son mucho mayores que nuestras divergencias”.
El encuentro estuvo precedido por una cumbre entre México y líderes del Caribe y por dos días de reunión preparatoria entre cancilleres, donde afloraron algunas divergencias sobre el nuevo organismo regional que se perfila.
Los 25 jefes de Estado y de gobierno y representantes de 32 países de América Latina y El Caribe presentes en la cumbre elaboraron un documento de trabajo donde se plantea la propuesta de crear una “nueva arquitectura financiera” regional.
Ya en el borrador, se planteaba que el nuevo organismo representativo del área que surja de esta cita incluya “un sistema multilateral y voluntario de pagos” para “evaluar experiencias sobre monedas comunes”.
Según el texto, se pretende “integrar mercados financieros a nivel regional y crear fondos financieros para apoyar el desarrollo e integración del área”.
El proyecto de la Declaración de Cancún propone encomendar a los ministros de Finanzas de América Latina “la elaboración de una estrategia con miras a la construcción progresiva” de este andamiaje financiero.
En torno al aspecto técnico del nuevo organismo que fusionará al Grupo de Río con la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo, se plantea crear un grupo de trabajo posiblemente integrado por Chile y Venezuela con el apoyo de México, Brasil y países del Caribe.
Entre otros aspectos, se sugiere “estimular el comercio interregional de bienes y servicios”, promover la “efectiva integración geográfica”, a través de infraestructura física necesaria” y alentar “el pleno respeto de los derechos humanos de los migrantes y sus familias”.
En torno al tema del narcotráfico, se compromete a los países del área en la lucha contra este flagelo “con un enfoque integral basado en la responsabilidad compartida”.
En referencia al terrorismo, se incluye un “rechazo enérgico” en “todas sus formas y manifestaciones” y se expone que “cualquiera que sea su origen o motivación no tiene justificación alguna”.
El cónclave inició con la ausencia de los presidentes de Uruguay Tabaré Vázquez, de Perú, Alan García y de El Salvador, Mauricio Funes, pero con la presencia entre otros de los gobernantes de Argentina, Cristina Fernández, de Brasil, Luiz Inazio Lula da Silva, Hugo Chávez de Venezuela, Raúl Castro de Cuba y René Preval de Haití.
El terremoto que azotó a éste último país el pasado 12 de enero dominó el ambiente de la cita. Incluso en el acto de apertura, el presidente Calderón dijo que “la causa del pueblo de Haití es la de todos los países de la región”.
Los haitianos no están solos, pues continuarán contando con la solidaridad y el compromiso de todas las familias latinoamericanas, indicó el mandatario, quien entregó al gobierno chileno la secretaría pro témpore (temporal) del Grupo de Río, posición que ocupó durante dos años.
DE LAS PALABRAS A LOS HECHOS
El esfuerzo vale la pena, pues es la primera vez que América Latina busca sacudirse el yugo que le ha impuesto Estados Unidos desde tiempos de la doctrina Monroe.
Ciertamente, la región requiere de una instancia de concertación política fortalecida que afiance su posición internacional y se traduzca en acciones rápidas y eficaces que promuevan los intereses latinoamericanos y caribeños, frente a los nuevos temas de la agenda internacional.
Sin embargo, no es la primera vez en que América Latina quiere quitarse de encima esa pesada loza que representa la influencia estadounidense sin lograrlo.
Por ejemplo, América Latina y el Caribe ya sesionaron en una cumbre en Brasil, en 2008, por convocatoria del presidente de ese país, Luiz Lula da Silva, un encuentro que terminó con proclamaciones políticas generales, pero sin la adopción de medidas efectivas.
Uno de los participantes de la cumbre, el presidente boliviano, Evo Morales, dijo que ahora sí hay la voluntad de formar “una nueva institución regional, “una nueva OEA sin el imperio”, como llama a Estados Unidos, pero se dice que es un propósito que gobiernos alineados con Washington no respaldan.
Los gobernantes de América Latina y el Caribe pretenden “conjuntar a América Latina y el Caribe en un solo organismo, para privilegiar los temas en común: combate a la pobreza, programas en materia de desarrollo y gobernabilidad”, según anticipó la canciller mexicana, Patricia Espinosa desde antes de la cumbre.
Con diferencias con Morales y otros presidentes alineados con la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), encabezada por el presidente venezolano Hugo Chávez, la funcionaria dijo que este foro no será “algo excluyente de la OEA” sino algo complementario, como dos esfuerzos que se deben complementar y ayudar a fortalecerse”.
El encuentro se produjo momentos en que hay cuestionamientos en medios diplomáticos al papel de la OEA en los conflictos de la región.
La canciller Espinosa precisó que con esta nueva organización se busca que el Grupo de Río y el sistema de cumbres de América Latina y el Caribe se fusionen en una sola entidad con el objeto de tener “un foro único para tratar distintos temas en el área”.
De este modo, se pretende que América Latina cuente con una instancia semejante a la Unión Africana o la Unión Europea.
El potencial de la región es impresionante. Sólo las dos grandes potencias de la zona, Brasil y México, son capaces de competir con una economía de primer nivel como Alemania.
No extraña por ello que Lula da Silva y Calderón anunciaran en este encuentro su intención de lanzar formalmente negociaciones para un Tratado de Libre Comercio.
Han pasado muchas décadas desde que el libertador Simón Bolívar organizó el Congreso Anfictiónico, esfuerzo primigenio para la integración latinoamericana. Lamentablemente, todos estos esfuerzos casi siempre se quedan en retórica y en buenas intenciones.
El hecho de que el presidente Barack Obama haya impulsado una política menos hegemónica, abre la puerta por primera vez para que la región pueda organizarse para sacar de la pobreza a millones de personas e integrarse con base en intereses comunes. Sería deseable que lo lograra porque la región sigue siendo una de las más atrasadas del planeta.
Pero para hacerlo tiene que pasar de las palabras a los hechos y mostrar que le importa más el bienestar de sus pueblos que la politiquería, el desarrollo que la demagogia.
GRANOS DE CAFÉ
México vivió en 2009 la peor crisis económica de los últimos 77 años, al contraerse la economía en 6.7 por ciento, no obstante lo cual el desempleo no igualó los datos de la gran caída financiera de 1995. Con todo el decrecimiento fue mayor al de ese año en que el Producto Interno Bruto bajó a 6.2 por ciento de acuerdo con el más reciente reporte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
Ante este escenario el sector industrial fue el más afectado en 2009, con un desplome anual de su producción de 7.3 por ciento. El valor generado por los servicios decreció 6.6 por ciento, mientras el reportado por el sector agropecuario se elevó 1.8 sobre el nivel observado en 2008.
Así, de acuerdo a los pronósticos, se puede considerar que la crisis ya tocó fondo, aunque ahora la gran incógnita es cuándo se iniciará el proceso de recuperación, ya que la tasa de crecimiento promedio anual de la economía mexicana en el primer trienio del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, fue negativa en 0.56 por ciento. En periodos similares, en los dos sexenios anteriores -la tasa de crecimiento anual de la economía mexicana fue de 2.2 por ciento con Ernesto Zedillo, mientras que con Vicente Fox entre 2001 y 2003, bajo su administración, el PIB se expandió 0.13 por ciento en promedio anual.
Con la más reciente caída la economía mexicana lleva ya cinco trimestres consecutivos en contracción. Y simplemente no hay para cuando.
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